Herramientas poderosas para acabar con el miedo

Herramientas poderosas para acabar con el miedo

Este es el segundo artículo que preparé para celebrar una década trabajando con pasión en darles voz a las ideas. Como dije en mi artículo: una muestra de lo que puede pasar en una década, creo que recordar el proceso de definición, consolidación y divulgación de las ideas poderosas de más de 500 personas maravillosas que me han permitido ayudarles a desarrollar su ConCiencia de comunicación, es la mejor manera de celebrar.

 

" En el proceso descubrí que el miedo a pararse frente al público a compartir nuestras ideas y exponernos —o empelotarnos, no es menor. Esa sensación tiene el poder de hacernos incluso dudar de nosotros mismos, de lo que hemos visto, vivido y creído."

Esta extraña y profunda sensación la vine a encontrar, o más bien, a reencontrar después de un buen tiempo, y aquí voy a hacer un pequeño paréntesis para que me entiendan por qué fue un momento tan particular en este recorrido que apenas estaba empezando.

Yo me enfrenté con esa sensación muchos años atrás, en mi primer día de universidad, cuando el pánico escénico me paralizó. Aunque ya tendremos tiempo de hablar sobre el asunto con más calma, quiero señalar que esas emociones se convirtieron en fantasmas que surgieron cuando menos me lo imaginaba. 

El miedo se convirtió en un monstruo gigante que estaba dispuesto a robarme el control en un escenario tan inocente como presentarme frente a quienes serían mis compañeros de universidad. Ese día tuve la certeza de que hablar es un desafío emocional. Experimenté cómo se sentía perder el control sobre el cuerpo y no encontrar palabras o gestos para salir del embarazoso aprieto de quedarte en blanco frente a un grupo de personas que ha puesto su atención sobre ti. Al comprender cómo enfrentar ese monstruo, inmediatamente se transforma en un poderoso motor que Joe Cowan describe con precisión en esta charla:

Con el tiempo y mucho trabajo, aprendí a administrar mejor esa faceta de mi personalidad y desarrollar mis virtudes en una carrera para personas públicas –comunicación social y periodismo–. Un día, ese horrible monstruo volvió a aparecer, esta vez amenazando a una de las personas que estaba entrenando.

Cuando terminamos de darle forma a una idea absolutamente poderosa y tuvimos una charla maravillosa entre las manos, este gran artista me abrió su corazón para contarme que se siente inquieto con su próxima puesta en escena, tiene miedo de lo que cree que va a ocurrirle cuando suba al escenario y vea al público. En la medida en que avanzaba la conversación, sus miedos se hicieron más grandes y fuertes, se manifestaron incluso en sus gestos.

Lo que dicen los especialistas al respecto: Accede aquí para profundizar

Se nos ocurrieron todo tipo de ideas para enfrentar su miedo. Desde luego en chiste en la conversación aparecieron todo tipo de recursos como el alcohol y otros elementos que ni para qué mencionar. En esta preparación como posibles vías de escape a esa incertidumbre, a este miedo que crecía en la medida en que el evento se aproximaba, pasó tanto como la imaginación les permita dimensionar, pero mi postura era diferente, para mí tenía que existir algo y probablemente ese algo estaba asociado a mi recorrido y a mi experiencia y haber vivido algo similar buen tiempo atrás  y probablemente a haberlo enfrentado en diferentes escenarios, con diversas magnitudes antes de llegar a este punto de poder dar consejo. 

No sabía aún cómo aconsejarlo, dimos muchas vueltas al asunto, la fecha de su presentación se acercaba y el miedo crecía. Finalmente encontramos una forma de usar sus temores a su favor, e hicimos algo que hasta entonces estaba rotundamente prohibido para cualquier presentación efectiva: decidimos que la ofrecería de espaldas al público. Decidimos que su pasión, el arte, sería su herramienta de confianza e hicimos que tuviera sentido que él y los espectadores estuvieran mirando en la misma dirección. 

Una lista recomendada de arte en escenarios de conocimiento:

Por fortuna, acertamos en nuestra decisión. El resultado fue conmovedor y nutritivo, el público recibió con soltura las ideas transmitidas con emoción y coherencia. El premio adicional fue que esta persona se despidió del horroroso monstruo antes de subir al escenario para hablar frente a cientos de personas.

Hoy recuerda sonriente que cuando todo parecía a punto de derrumbarse, encontró en su interior cómo usar sus temores para conectarse con una idea poderosa que pudo transmitir gracias a su pasión. 

Esa experiencia me enseñó otro gran recurso: una debilidad puede convertirse en un recurso poderoso a la hora de expresar aquello que hacemos mejor, que nos hace únicos. Saber cómo  hacerlo y aprovecharlo puede convertirlo en nuestro propio efecto Wow en cualquier conversación.

También aprendí que los monstruos de quienes tenemos pánico escénico son tan particulares, que para enfrentarlos exitosamente hace falta diseñar herramientas a la medida. Puede pensarse que el miedo se origina en una suerte de falta de confianza, pero en realidad nace de la preocupación de no expresarse bien y exponerse a que nos malinterpreten.

He trabajado con centenares de conferencistas que han vivido esta experiencia, y no me cabe duda de que antes de hacer juicio sobre alguien que enfrenta retos como este, debemos evaluar las particularidades de la situación. Todos tenemos la posibilidad de enamorar con nuestras ideas, así que podemos diseñar herramientas a nuestra medida para lograr que el público nos entregue su más preciado bien: la atención. 

Para transmitir confianza a veces basta con usar mensajes afirmativos, guardar silencio, aplaudir u exclamar un simple ajá. El abanico de posibilidades es muy amplio. Nunca dejes pasar la oportunidad de entrar en esos cerebros maravillosos para buscar las herramientas exactas que cada orador necesita para enamorar con sus ideas. 

Si acaso crees que esos nervios que todos sentimos antes de subir a un escenario pueden llegar a paralizarte, recuerda que todos somos seres humanos y que por lo tanto somos vulnerables. Todos podemos triunfar en diferentes escenarios comunicativos si evaluamos compasiva y honestamente nuestras fortalezas y debilidades y nos preparamos a conciencia. 

Te desafío a pensar en un reto que no pueda enfrentarse desde esta perspectiva. Sé por experiencia de que esta es la mejor - y posiblemente la única- forma de evitar que el monstruo crezca. Mi monstruo hoy está controlado y puedo disfrutar una conversación uno a uno igual que estar en un escenario frente a miles de personas. 

Cualquier persona independientemente de su formación, estátus u ocupación puede beneficiarse de esta sencilla pero poderosa metodología. Encontré la forma de convertir algo que me afectaba incluso físicamente, en una compañía dedicada a fomentar lo que me apasiona. Mi peor miedo se convirtió en mi mejor recurso y le dio forma a decenas de herramienta que diariamente comparto con mi equipo de trabajo y con las personas que ayudo a desarrollar su conciencia de comunicación.

¿Qué esperas para evitar que tus miedos limiten tus ideas? ¡Desarrolla tu ConCiencia de comunicación!