Más escenarios y más ideas

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Más escenarios y más ideas

Continúo, en esta tercera conversación, con mi forma preferida de celebración de 10 años de recorrido por los escenarios de transmisión de conocimiento más vanguardistas  y con esta obsesión de ayudarte a ver que si realmente quieres trabajar en la conciencia de comunicación, debes hacerlo con esfuerzo y dedicación para obtener resultados excepcionales.

Puedes ver las anteriores conversaciones aquí:

Una muestra de lo que puede pasar en una década

Herramientas poderosas para acabar con el miedo

Los primeros entrenamientos que mencionaba en los capítulos anteriores, sin saberlo, fueron la puerta gigante que se abrió a todo un universo de posibilidades, de diálogos alrededor de la creatividad, el emprendimiento, de escenarios que hablaban de temas científicos, de temas de gobierno. Fue como pasar una barrera y encontrar del otro lado un mundo paralelo lleno de espacios en donde las ideas van más allá de las palabras, en donde el objetivo es transformar mentes, actitudes, comportamientos, comunidades y países enteros y yo no tenía ni idea que esos primeros pasos me llevarían hasta allá.

En la medida en que iba avanzando, los desafíos crecían.  Mi siguiente encuentro, o mejor el siguiente reto a todos mis paradigmas, giró alrededor de este gran dilema que espero ,la mayoría, ya hayamos dejado en el pasado - gracias a que grandes genios nos han ayudado afortunadamente a desvirtuarlo - y es que para hablar ante un público se necesitaba una gran formación (académica, profesional, títulos, reconocimientos y casi, casi estar en un pedestal). 

El primer paso para darme cuenta que  no solo yo sino en general la gente estaba completamente equivocada al tener esta postura de sabiduría asociada a cartones colgados en la pared lo di con dos personas maravillosas que en su vida habían tocado ni siquiera una escuela pública, que todo lo que sabían y lo que tenían obedecía a su experiencia de vida , y que su riqueza de conocimiento nacía del experiencia y de la vivencia, no de los libros ni de la técnica, sino de la vida misma, y de los maestros más poderosos, el ensayo y el error. 

Y puede que en este momento te estés preguntando ¿cómo es posible que yo aún viviera en ese paradigma del falso conocimiento? te invito a verificar qué tanto lo has desafiado tu, pero no por ser una moda o por lo que le has escuchado a otras personas,  pregúntate con total honestidad ¿cuántas veces has prestado absoluta atención o has hecho caso al 100% a una opinión , recomendación, idea de una persona que no es especialista - técnica - en un tema?, te garantizo que la respuesta te sorprenderá. 

Esta maravilla de conocimiento en su expresión más pura venía con un lenguaje limpio, sencillo, con una coherencia en el comportamiento que se veía al golpe de ojo; venía representada por dos mujeres fantásticas, provenientes de escenarios muy diferentes, que curiosamente con esa fuerza que caracteriza al género y con esa potencia que hace que una madre se vuelva una fiera protectora, una proveedora incansable, una guerrera sin límite; con esa misma capacidad, entregaban sus ideas. Con total autenticidad, con un ingrediente tan mágico que no había visto en décadas en ninguna de las otras personas, ni siquiera en los escenarios corporativos en donde yo había estado.

Ellas me prestaron sus ojos, me compartieron sus cerebros y me permitieron recorrer, no sólo sus ideas y sus experiencias, si no también esa capacidad narrativa fantástica que da el ser genuinos. Esa posibilidad de entregar información sin adornar, sin sobrecargar, sin decir cosas que en realidad sobran y ese es un don escaso que curiosamente se va perdiendo en la medida en que nos vamos educando, porque precisamente gracias a ese paso académico sea cual sea es como vamos adquiriendo palabras que sobran, elementos rimbombantes, sofisticación innecesaria y todos estos elementos que ensucian una idea poderosa.

Para que puedas desafiar esto que te digo te invito a que explores las ideas que comparto en la conversación que llame “Entre conversaciones y revoluciones” 

Es allí cuando tenemos que hacer ese ejercicio genuino de quitarnos las capas y las máscaras que hemos adquirido con el paso del tiempo, si en realidad queremos hacer una entrega transparente de ese aprendizaje o de ese contenido que tenemos a la mano. Ellas me enseñaron que sólo uno sabe exactamente qué decir y cómo decirlo; sin duda con ellas desafié el hecho de que no hay mejor escritor para un guión de la vida que uno mismo, vi que por más lógicas y apropiadas que se consideren las palabras sólo van a encajar aquellas que cada persona ha seleccionado para dar cuerpo a su idea, que esto es mil veces más poderoso y que las palabras prestadas quedan como la ropa grande y  que normalmente cuando las usamos siguen derecho y se nos caen por que es evidente que no son nuestras.

Acá vine a entender cuánto daño nos hacen y nos hacemos, ocultandonos en conocimientos que no son nuestros, perdiendo esa capacidad muy particular de ver la vida desde nuestros propios ojos y aún más grave esa posibilidad de transmitir lo que realmente vemos, vivimos y pensamos a otras personas, de conectar genuinamente desde las ideas y no desde los tecnicismos. 

No me canso ni me cansaré de agradecerles a ella, me reconectaron con el valor de la palabra, con ese componente ancestral que ha permitido durante toda nuestra evolución, como seres humanos, entregar ese conocimiento, prácticas, cultura y raíces de mano en mano, de generación en generación y precisamente por ellas y gracias a ellas hice un compromiso conmigo de dar voz a tantas personas, como me fuera posible, de ayudarlas a gritarle sus ideas al mundo y también a dedicarle todo este tiempo, todo mi conocimiento y recurso a recuperar el valor de la palabra.

Pero así como las tenía ellas poderosas, infinitas, auténticas, contundentes y claras, por el otro lado tenía a un grupo de personas que se esforzaban más de la cuenta, qué buscando darle peso a sus ideas lo que hacían era ensuciarlas, llenarlas de arandelas y de elementos que en realidad les quitaban peso y que en la mayoría de los casos ni siquiera nos permitían verlas.

Vaya tarea y vaya extremos, pues precisamente gracias a esos dos extremos o esas dos puntas, empezó mi obsesión por definir alguna herramienta o algún camino que nos permitiera depurar, organizar y limpiar, quitar todos esos componentes y características que no dejaban ver lo importante y esto iba no sólo desde la información, también desde el lenguaje, desde ese afán infinito arraigado de mostrarnos expertos e importantes, algo que desde mi perspectiva ha sido estimulado por el modelo de educación que nos llena de palabras y frases vacías, de expresiones y modismos que no tienen ningún sentido y que nos han vendido como recursos para reforzar y fortalecer nuestra comunicación.

O peor aún, que se ponen de moda, que obedecen a un segmento profesional,  que no son comprensibles para el público en general y que nos resta. El resultado de esto no sólo fue una herramienta, sino todo un movimiento que permite a las personas desafiar sus ideas y poner las palabras necesarias en el orden correcto para entregarlas de la manera más pertinente.

Siempre para construir y para hacer con seriedad herramientas y recursos pedagógicos y en general para desarrollar metodologías , en mi caso y en mi casa ha sido fundamental medir, probar y sobretodo desafiar. Actividades que puedo hacer en este espacio no sólo por la diversidad de personas a las que he tenido acceso, por la multiplicidad de ideas que me han compartido o por la posibilidad de llegar a la gente de manera ilimitada , también por el objetivo de detectar aquellas que más resuenan, provenientes de fuentes genuinas ,que me permitan acompañarlas para encontrar tanto las palabras como la forma correctas para hacer que entren con facilidad y amabilidad en cualquier cabeza.

Ya se imaginaran a cuántas personas y también cuantas cosas exóticas he conocido y sin duda en cuantos momentos me moría del dolor de cabeza porque no encontraba nada que realmente resonara. Parecía como estas jornadas que vemos en los programas de talento en donde hay filas de personas esperando presentar , en este caso no una canción o un baile, sino una idea. Eso no se lo imagina la gente, de hecho esto es lógico en esos escenarios en donde las artes y las capacidades y los dotes de cada persona se ponen sobre la mesa para ganar premios millonarios, pero es difícil creer esto de un escenario de transmisión de conocimiento en donde la persona, no sólo tiene que trabajar mucho para llegar a una idea poderosa sino que adicionalmente, lo hace sin esperar absolutamente nada cambio. Pues aunque no lo crean así son estos procesos de curaduría, es más, en algunos casos transcurren meses, en los que todos los días recibimos personas en jornadas de media hora 40 minutos para que nos presenten sus ideas transformadoras. 

Es un espacio muy poderoso, en donde sin importar su género, su raza, su credo, su formación o la orientación de sus ideas todo aquel que trae una idea, por loca que sea, es escuchado. Algo magnífico que hoy ya no hago con tanta frecuencia como quisiera pero que sin duda si me detuviera a documentarlo en detalle me permitiría escribir algo más que las 1000 y una noches del universo de las ideas. 

Es allí en donde he medido, analizado y detectado un patrón, y es que emplean aquellos que brillan desde el inicio, esas persona que naturalmente cuidan o evitan todas esas expresiones sin sentido, esas expresiones vacías de las que les hablé antes. Curiosamente quién es son más eficientes y más impactantes en la entrega de sus ideas son las personas  que lo hacen de la forma más simple, pero ojo simple no quiere decir malo, ni superficial, ni escaso, quiere decir preciso, justo, ni más ni menos de lo necesario, para que quién estamos escuchándolos  quedemos absolutamente alineados y encantados con su idea y dispuestos a invertir horas de preparación para sacarla adelante.

Mi invitación es a que te transformes en una persona experta en la cacería de esas expresiones vacías y diseñes un camino o una herramienta que te permita encontrar conectores adecuados que hagan sentir que toda la información que se está entregando está completamente conectada, que no queda ningún hilito suelto.

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