Más escenarios y más ideas

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Conversando con Paula

Más escenarios y más ideas

Iniciaré esta tercera entrega que recorren diez años de los escenarios de transmisión de conocimiento más vanguardistas, resaltando que para desarrollar la ConCiencia de comunicación y obtener resultados excepcionales, es necesario esforzarse 

Lee los artículos anteriores aquí: 

Una muestra de lo que puede pasar en una década

Herramientas poderosas para acabar con el miedo

Los entrenamientos que describí en los artículos anteriores me abrieron la puerta a un nuevo universo de posibilidades: diálogos sobre la creatividad y el emprendimiento, escenarios donde se abordaban asuntos científicos o temas de gobierno. Me sentía en un mundo paralelo en el que  las ideas eran más poderosas que las palabras. Allí, el objetivo era transformar mentes, actitudes, comportamientos, comunidades y hasta países. 

En la medida en que avanzaba, los desafíos crecían. El siguiente reto que enfrenté fue desmontar el mito aquel de que para hablar ante el público, se necesita formación académica, varias profesiones y títulos, reconocimientos y casi, estar en un pedestal. Por fortuna grandes genios habían desvirtuado tal mentira y pude acudir a ellos. 

Pude darme cuenta de que yo –y cualquier otra persona– me equivocaba al asumir que quienes tenían sus títulos exhibidos en las paredes eran quienes tenían la verdadera sabiduría, cuando conocí  maravillosas que nunca habían pisado una escuela. Sus conocimientos provenían de sus experiencias de vida y no de los libros o de la academia. Eran sabios maestros entrenados en la técnica del ensayo y el error. 

¿Cómo era posible que a esas alturas todavía estuviera atrapada en ese falso paradigma? A lo largo de mi carrera en el mundo de las comunicaciones, me he encontrado miles de veces ayudando a otros a observar cómo tienden a ignorar las opiniones, o las recomendaciones de alguien por no ser especialista en determinado tema... ¿te ha ocurrido lo mismo?

Conocí esta clase de sabiduría en su expresión más trabajando con dos mujeres fantásticas. Usaba un lenguaje sencillo y desprovisto de adornos, la coherencia entre lo que hacían y decían era arrasadora. Aunque venían de escenarios muy diferentes, tenían en común esa fuerza femenina que convierte a cualquier madre en una fiera a la hora de proteger a sus hijos. No había visto en décadas tal autenticidad ni en las más grandes y poderosas corporaciones en las que había estado.

Ellas me dejaron ver a través de sus ojos, sentir mías sus ideas y recorrer sus pasos a través de su capacidad fantástica para habitar su piel, para ser genuinas. Esa capacidad de transmitir información sin adornarla es un don escaso que, curiosamente, tienen muchas personas sepultado bajo sus títulos y sofisticación auto impuesta. La vida puede llenar nuestras ideas poderosas de tal cantidad de elementos innecesarios, que acaban por desdibujarlas.

Puedes explorar mejor esta idea en “Entre conversaciones y revoluciones” 

Si en realidad queremos transmitir una idea con precisión y ser absolutamente transparentes con nuestro público, debemos hacer el ejercicio genuino de quitarnos las capas y las máscaras que hemos adquirido con el paso del tiempo. Con el par de mujeres de esta historia aprendí que solo uno sabe exactamente qué y cómo transmitir la experiencia propia. 

Con ellas desafié el hecho de que no hay mejor escritor para un guión de la vida que su protagonista. Vi cómo por más lógicas y apropiadas que puedan ser las palabras para expresar determinada idea, solo encontrarán un sitio aquellas que le pertenezcan a quien las pronuncia. La naturalidad es mil veces más poderosa que cualquier sofisticada preparación… ¡es prácticamente imposible que en una fiesta, la gente no note si estamos usando ropa tres tallas más grande o más pequeña que nuestro cuerpo! 

¡Cuánto daño nos hacen –y nos hacemos– cuando nos ocultamos bajo pilas de conocimientos! A la hora de desarrollar nuestra ConCiencia de comunicación menos siempre es más. Cuando perdemos la capacidad de ver la vida con nuestros propios ojos, perdemos también la esperanza de transmitir lo que vemos, sentimos y pensamos desde el corazón y no desde el conocimiento técnico. 

No me cansaré de agradecerles a ellas por reconectarme con el valor de la palabra, con la sabiduría ancestral que de generación en generación ha transmitido conocimientos invaluables, prácticas cultura e historias para entender nuestro origen. Gracias a ellas hice un compromiso conmigo , el de ayudar a otras personas a encontrar su voz, a reivindicar el valor de las palabras. 

Trabajar con ellas siendo poderosas, infinitas, auténticas, contundentes y claras era fácil, pero del otro lado estaba junto a un grupo de personas que buscando darles poder a sus ideas, lo que hacían era ensuciarlas, darles una forma que no era natural… estaban ocultándolas. Estar entre esos dos extremos, o tendencias, me obligó a desarrollar nuevas herramientas que nos permitieran pulir y hacer brillar sus mensajes. 

Esta vez el resultado no fue solo una nueva herramienta, sino todo un movimiento que permite a las personas desafiar sus ideas y poner las palabras necesarias en el orden correcto para transmitirlas de la manera más eficiente.

Diseñar herramientas o recursos pedagógicos, y en general, desarrollar metodologías con rigor y responsabilidad, es fundamental medir, probar y sobretodo, desafiar. Cosas que puedo hacer gracias a la diversidad de personas con las que he trabajado y debido a la increíble variedad de ideas a las que me he enfrentado buscando encontrar la mejor forma para transmitirlas.

He tenido incontables dolores de cabeza escuchando ideas en las que aparentemente ningún elemento resuena. He participado en jornadas como las de los programas de talento en donde hay extensas filas de personas esperando su turno para presentar, no una canción, o un baile, sino una idea. 

Situaciones como esas tienen sentido en espacios en los que las capacidades y dones de las personas se someten a juicio para ganar premios millonarios, pero es difícil imaginarlo en escenarios de transmisión de conocimientos en que los participantes deben trabajar mucho para llegar a una idea poderosa sin esperar nada a cambio. Así son los procesos de curaduría. En algunos oímos durante meses, diariamente, a una persona cada 30 o 40 minutos.  

Los espacios de curaduría son muy poderosos, no hay distinción de género, raza, credo, formación u orientación sexual o ideológica. Todo aquel que trae una idea, por loca que parezca, es escuchado. Quien se atreviera a documentar detalladamente estos procesos, podría escribir algo más que Mil y una historia sobre el universo de las ideas. 

Para concluir, quiero revelarte el patrón que descubrí: aquellos que brillan desde el principio se cuidan o evitan cualquier frase de cajón, eliminan todas las expresiones rimbombantes que ocultan el poder de sus ideas. Las personas más eficientes e impactantes transmitiendo sus ideas se apoyan siempre en la simplicidad –que no implica superficialidad sino precisión–. Con frecuencia quienes están sintonizados consigo mismos, son quienes están más dispuestos a invertir horas en darles fuerza a sus ideas y hacerlas brillar.

Te invito a convertirte en un experto en identificar expresiones vacías y a diseñar las herramientas para unir sin que se noten los hilos los elementos de tu historia. Tú tienes la capacidad para hacerle sentir a cualquier auditorio que tus ideas están perfectamente conectadas, que no sobra ni un hilo, ni un botón.

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