Una muestra de lo que puede pasar en una década

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Una muestra de lo que puede pasar en una década

Advertencia: si tienes este escrito en tus manos es importante recordar que las fórmulas mágicas solo funcionan en los cuentos de hadas y sólo cuando ellas las utilizan. Claramente no soy una de ellas, pues en el caso del desarrollo de habilidades de comunicación no existe una única fórmula, tampoco un molde. Que no te cuenten cuentos. Aca no vas a encontrar tips o pautas que por sí solos hacen magia.

Si realmente quieres trabajar en la conciencia de comunicación, debes saber que ello  representa esfuerzo y dedicación como todo lo bueno; quiere decir que si decides avanzar lo vas hacer acompañado de muy buenas herramientas, pero es tu responsabilidad emplear tu mejor recurso, tu propia capacidad y criterio para apropiarte de ellas y desafiarlas.

Esta es la primera de una serie de conversaciones dedicadas a cada una de las personas maravillosas que no sólo aceptaron el reto de compartir sus ideas con millones de personas,  que me han permitido acompañar su proceso de definición, consolidación y entrega y también a esos soñadores que le apostaron a la construcción de escenarios cuándo nadie entendía de qué se trataba. 

Gracias por abrirme las puertas de su cerebro, por compartir sus recuerdos más íntimos y por dedicar semanas y hasta meses al proceso de construcción de una charla perfecta hasta activar su ConCiencia de Comunicación. 

¿De dónde salió esta conversación?

Llevo un buen tiempo pensando cómo voy a celebrar una década de mi pasión por dar voz a las ideas y decidí que la mejor manera de hacerlo es compartiendo cada una de las lecciones que me han enseñado las más de 500 personas que he acompañado en su preparación como conferencistas de escenarios como Creative Mornings, TEDx, WorldSpeech Day, Inspire Talks, 99U y un sin fin más.

Esta serie de publicaciones es una invitación a explorar un rincón muy particular de mi cerebro, la memoria del proceso de construcción de cada una de esas conversaciones potentes. Te garantizo un camino lleno de herramientas y aprendizajes de la mano de cada persona que he preparado en su proceso de construcción de una idea poderosa.

Esta historia comienza de la manera menos planeada, porque confieso que ni en mis mejores sueños imaginé que pasaría del pánico escénico a ser curadora de grandes escenarios. Sí así, como en un museo o en una exposición de arte, la diferencia es que en este caso la tarea es seleccionar contenidos y conferencistas, y menos me podría imaginar que sería la entrenadora de los mayores y más increíbles imaginadores de este lado del planeta y un par de otros lados. 

Cuando pienso en ese momento en donde por primera vez asumí esta responsabilidad, se me viene a la mente una gran analogía que me regaló un buen amigo que explica perfectamente lo que ocurrió conmigo en ese primer instante, estas son sus palabras ¨Si el término media naranja se materializara, sería igual a Think&Talk más Paula Rincón, una simbiosis única !un amor que envidiaría cualquier amante!. Eso fue exactamente lo que pasó en ese instante, en donde mi pasión se materializaba en simultánea con el paso de un par de décadas del cómodo mundo laboral al incierto universo emprendedor y en donde mi premisa, que en ese entonces era una locura, me mostraba que avanzaba por el camino correcto al querer demostrarle al mundo que que todas las personas tienen una capacidad única para enamorar con sus ideas.

En ese momento mágico, nació mi empresa, todo un laboratorio. El espacio perfecto para investigar, medir,  explorar, probar  y desafiar el comportamiento humano y el peso que tiene nuestra habilidad comunicativa. Pero la idea de este libro no es aburrir con ciencia y con temas cuantitativos es poner al alcance, de todo aquel que quiera contar con la mejor herramienta que tenemos a la mano, las más grandes herramientas para hacerlo y no porque yo lo diga sino porque lo hemos probado, medido y desafiado en las situaciones más complejas.

Te doy la bienvenida a una ruta de herramientas que puedes usar a la medida y voy a dejar que ellas hablen por sí solas, yo sólo aportaré algo de memoria a este recorrido.

Un cafecito ...

En ese camino de desafío de la que creía era la idea eureka, esa con potencia suficiente como para crear una compañía, empecé a poner en práctica mi filosofía de vida “Un cafecito no se le niega a nadie”. Buscando oír a las personas, compartir mi idea, juntarme con mentes diferentes y explorando esta nueva vida de emprendedora, además y esta es una confesión , buscando una forma de sacudir un poco el pavimento que tenía en mi cabeza y comportamiento “corbatudo” (este según la persona que en su momento me lo dijo equivale a ser muy muy corporativa), empiezo a acercarme a universos jóvenes, en donde el emprendimiento era una dinámica natural pero no desde el objetivo de hacer negocios sino de cambiar mentes y comportamientos. 

Esto fue como encontrar la caja de pandora, millones de ideas, procederes, posibilidades y un universo completamente distinto al que yo conocía. Delicioso, me sentía como la protagonista de una película de vampiros y lejos de ser la víctima yo era uno de esos seres míticos que se alimenta de la energía vital de otro, que en este caso era esa forma diferente de ver la vida, esa capacidad de arriesgarlo todo y de trabajar con pasión infinita por aquello en lo que creían.

Allí también viví un sin fin de estrellones cuando con orgullo compartía los pasos que daba adelante y atrás en mi idea emprendedora, golpes que,  aunque suene a frase de cajón, hicieron mi empresa absolutamente fuerte y mi postura no negociable. Y en una de esas conversaciones, en el momento menos esperado y por extraño que parezca gracias a mi actitud “corbatuda”, sumada a mi trayectoria por el mundo de las comunicaciones y las relaciones públicas, por no decir que también contaba tener edad como para ser la potencial mamá (precoz jajaja) de cualquiera de los integrantes de este ecosistema de innovación, me invitaron a acompañar la preparación de unos conferencistas, señores y señoras grandes decían ellos, muy importantes que se pararían a entregar una conferencia de no más de 20 minutos en un escenario en una universidad, propuesta a la que de inmediato dije si, sin pensar que era ad honorem, yo estaba en la mejor actitud, esa que me abre puertas cada día “lista pa´las que sea”.

La invitación llegó acompañada de una citación, un calendario programado por el secretario indio de uno de los integrantes de este equipo (un invento de esos que me dejaba con la boca abierta), un asistente remoto que hacía toda la tarea operativa por él.  Esta era una cita en la casa de uno de los conferencistas y uno de mis primeros encuentros con este mundo de personas que quiere poner su ilimitado conocimiento y experiencia al servicio de todos. 

Yo llegué muy formal en mi carro, preguntando por un parqueadero y mis dos colegas de entrenamientos llegaron respectivamente caminando y en patineta, adivinen ¿quién era el bicho raro?. Después de un momento de conversación sobre el impacto ambiental y físico de los vehículos pasamos un portón de esos que para mi siempre han escondido historias y secretos, a un espacio arquitectónico como pocos he visto en Bogotá, lleno de árboles y en donde la construcción era apenas perceptible, entramos a una biblioteca espectacular llena de objetos, arte y por supuesto libros con historia y aparece un ser que parecía sacado de esos cuentos en donde salen los viejos sabios. Así inicia una conversación que lleva una década y que en cada café se alimenta con esas ganas de enamorar con cada idea. 

En este primer encuentro no dije más de dos frases, cada idea que decía esta persona era más maravillosa que la otra y sin importar que yo no tuviera ni la más mínima idea de su tema “la arquitectura” el tiempo se desapareció y mi cabeza explotó. Intenté tomar nota de todo lo que decía pero era demasiado , busqué ser brillante , ¿cómo no serlo? si estaba dando mi primer paso como entrenadora,  pero poco a poco fuí entendiendo que el espacio no se trataba de la técnica , ni de mi , ni de ninguno de los que estaba con este rimbombante rol de entrenador, se trataba 100% de él, de escuchar , de recibirlo todo y de tomar un tiempo para decantar y depurar , para buscar entre ese cofre del tesoro ,que era su cabeza, el mejor camino para que una audiencia igual a mi (poco conocedora del tema) se conectara por completo y se enamorara tanto de sus ideas como yo.

Salí de allí y no dormí; rayé como loca todo lo que encontré , ponía y quitaba las ideas, repasaba todas las notas y esperaba que ya pasara el tiempo para tener un segundo encuentro de preparación. Y precisamente esa noche entendí que lo mejor que podía hacer era crear un mapa que me permitiera a mi y a las personas a quienes acompañaría en su preparación poner la ideas en blanco y negro, en orden , que nos ayudara a todos a ver en prespectiva para salir de nuestros zapatos y ponernos en los de la audiencia de tal forma que cada elemento que se articulara a la charla condujera por un camino no sólo encantador sino absolutamente claro y fácil de recorre y replicar. 

Fue así como nació una secuencia de organización de las ideas que no me canso de probar y de utilizar. Un tablero de juego que le ha ayudado a muchas personas a simplificarse la vida al momento de construir un ejercicio de comunicación poderoso y que es muy sencillo:

  • Parte de una lluvia de ideas en donde todo sirve y se vale
  • Busca un camino para organizarlas, agruparlas y decantarlas. Es importante hacerlo con exigencia
  • Con un mapa de ideas depurado es el momento de priorizar y de nuevo descartar lo que se sale del marco de nuestro ejercicio de comunicación.

Y te doy una recomendación, he descubierto que este ejercicio es mejor hacerlo a la antigua en una pared con papelitos :). 

Creo que es el momento de hacer un alto en aras del respeto por la secuencia de esta historia y de los hechos. Y aunque estoy totalmente convencida de que el orden de los factores no altera el producto, por lo tanto no necesariamente todas las historias ocurren en la secuencia en las que las estoy planteando, mi compromiso es tratar de hacer el mejor ejercicio de memoria posible y ojo esta no es mi mayor virtud 🙂 .

Este recorrido se fue enriqueciendo con artistas, con música, con empresarios, con deportistas o con atletas, y mejor aún con sueños, con realidades, con teorías, de todas las características y de todos los colores. Con posturas reveladoras y también con cuestionamiento radicales, pero en todas las conversaciones el patrón era el gran desafío que representaba: 

  • Uno: encontrar esa información que iba caber en la cabeza todas las personas que los iban a oír
  • Dos: poner en orden las ideas, saber depurar, seleccionar y armar una secuencia lógica en donde encajara perfecto todo lo que querían entregar. 
  • Tres : y no menos emocionante, hacerlo contrarreloj. 

Imagínense lo que ocurría en mi cabeza al encontrarme con este reto, viniendo de un mundo corporativo en donde la presentación más corta duraba una hora, cuyas herramientas audiovisuales escasamente existían y en donde era una obligación escuchar. Pasar de ahí y de esa realidad a un espacio en donde lo que se buscaba era llegar a lo más profundo del cerebro, dejar una idea completamente arraigada en la cabeza de otro, y no sólo eso, hacerla lo suficientemente transversal como para que un niño la entendiera. ¡No era un desafío menor! 

Noche tras noche cuestionaba todo lo que había aprendido, todo lo que había visto tanto en mi proceso académico como comunicadora, como durante mi trayectoria profesional y entendía qué estaba entrando en un mundo completamente distinto, un universo en donde la autenticidad y la coherencia eran más valiosas que los trucos, las mañas y los moldes que había visto durante un largo tiempo en mi recorrido laboral, y que un entrenamiento definitivamente no consistía en que una persona se aprendiera algo de memoria, o contara con un guión muy bien escrito por otro, que en realidad la magia estaba en utilizar sus propias palabras y características para apoyarse en ese sello único que es el estilo. 

Eso que cada uno de nosotros tiene y que no es modelable, ni debe parecerse al de otro, es esa característica muy particular que hace la diferencia y que nos hace memorables, es nuestra #ConCienciadeComunicación esa que detonamos en Think & Talk con cada uno de nuestro procesos.

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